MANIFESTACIÓN por los DERECHOS DEL TURISTA

 

 

En Lavapiés no todo va sobre ruedas

Una obviedad: las personas viajan desde siempre. Unas por necesidad, otras por gusto. Lavapiés siempre fue un barrio de acogida. De unas y de otras gentes viajeras. Un barrio diverso, abierto, donde el lugar de procedencia lo era determinante y se abría los brazos y las puertas a migrantes y visitantes.

Con los años, sin embargo, cierto turismo se ha convertido en un problema global y está modificando a la fuerza territorios, barrios y ciudades, incluido Lavapiés. Convertido en un gran negocio para unos pocos, los grandes inversores y propietarios, que obtienen rentas especulativas, se ha vuelto un factor de desequilibrio y desigualdad y arrasa con la diversidad social y cultural.

En Lavapiés, solo en el último año, más de mil viviendas se han dedicado solo a dar cobijo a turistas y han aparecido edificios enteros dedicados al alojamiento de turistas, ya sean hoteles, hostels o apartamentos. El problema no es que algunos vecinos alquilen habitaciones para ayudarse a llegar a fin de mes. El problema es la codicia que inspira algunos negocios que priman el beneficio económico propio por encima del equilibrio social. Que presionan a los habitantes porque ponen el barrio a su servicio sin importarles sus vecinos y vecinas. Una codicia que repercute en el comercio, en la vida cotidiana, en la precariedad del trabajo, en el bienestar común, y repercute de forma grave en los precios y el acceso a la vivienda.

Nunca ha habido tantas viviendas disponibles en Lavapiés y, sin embargo, la población decrece. Vecinos y vecinas, antiguos y recientes, locales y migrantes, que tienen que irse a otro barrio, que ya no encuentran piso en alquiler, que esperan con temor el final del contrato de alquiler, conscientes de que les espera una enorme subida (el 15% en el último año) o la no renovación, vecinos y vecinas acosados por agencias y fondos buitre y que ven que todos los pisos de su edificio van cayendo en la trama del negocio especulativo que acompaña a esa forma de turismo. En Lavapiés no todo va sobre ruedas.

 

 

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