Reflexión sobre respuestas al cuestionario

Mucha gente ha respondido al cuestionario, algunas fijando situaciones que resultan preocupantes y otras que justifican el nuevo nicho de negocio inmobiliario…, en el que suelen tener intereses particulares. No sorprende en absoluto que haya intereses contrapuestos: precisamente, en la ampliacion de la complejidad de Lavapiés conviven de modo conflictivo ambas posturas. La nuestra está clara: la vivienda no es un negocio.

Las respuestas “preocupadas” hablan de edificios en los que la mayoría de viviendas se destinan a usos turísticos y de ocupación temporal, otras señalan procedimientos de mobbing inmobiliario que presiona a las inquilinas para vaciar el edificio, algunas simplemente nos dicen que la casa que ocupaban en alquiler ahora se destina a apartamento turístico o que la convivencia en la comunidad está marcada por los usos ociosos de la gente que pasa por allí sin darse cuenta de que hay vecinos y vecinas que viven permanentemente: ruidos, actividades irrespetuosas, impersonalidad, comercios destinados al consumo rápido…

Otras respuestas del formulario adjudican un carácter de caza de brujas a la iniciativa que hemos emprendido y que “estigmatiza a algunos particulares”. Algunas de ellas explican que su actividad está regulada y es creadora de empleo. En algunos casos, precisan que son gestores de varios pisos que se dedican a la actividad turística en exclusiva. En otros hablan de “esa modalidad de alquiler” de “gente de a pie” y se refieren a “una de sus propiedades” y reclaman atención hacia “otros problemas del barrio”. Algunos hablan de su trabajo como ¿empleados? en el sector: “Yo gestiono 4 apartamentos en total, empecé a hacerlo hace 3 años como manera de sobrevivir a la crisis, a su vez las dueñas de los pisos que gestiono buscaban como pagar su hipoteca. Y las limpiadoras, lavanderías, tiendas de barrio en las que compramos suministros etc…, también lo han agradecido”.

Hay quien nos dice: “La realidad es mucho más compleja de lo que contáis, estáis muy desinformados”. Hay quien gestiona su propia segunda vivienda y “otras cinco” viviendas más y asocia esa actividad a generar un empleo y un extra para sí mismo. Y nos dicen que somos cómplices de los hoteles.
El denominador común es que todos estos comentarios ponen el foco de atención en esta práctica como una actividad económica: donde la vivienda es una mercancía de la que se trata de conseguir el mayor rendimiento económico, y que ninguno de ellos sitúa como posibilidad el hecho de alquilar permanentemente la vivienda y mucho menos hacerlo en algunos de los programas de alquiler social, no digamos la voluntad de generar con sus propiedades una bolsa de alquiler justo, equilibrado y regulado. Algunas hablan de la “legalidad” de su actividad, sin aportar más datos.

A estos respondemos a continuación…

Hola, os respondemos a vuestras contribuciones al debate sobre “Raquel”.

Gracias por hacer vuestros comentarios, nos satisface poder alimentar un debate que se mueve en parámetros muy simplistas. Si abundáis un poco en nuestra web, veréis que precisamente buena parte de nuestro trabajo va dedicado a hacer un diagnóstico de conjunto de los problemas de nuestro barrio y pensar cómo atajarlos.

Una de las líneas de trabajo consiste precisamente en enfrentar la dinámica de dominio del sector hotelero y turístico sobre las derivas de Lavapiés. Un eje de ese trabajo aborda la visibilización del barrio como un espacio complejo, atravesado por condiciones socioeconómicas no solo muy precarias, sino a veces lindantes con la miseria: no solo de otr@s vecin@s, sino de nosotr@s mism@s también.

Entendemos que os preocupe aquello que os afecta directamente, vuestra forma de obtener ingresos.Nososr@s lo vemos de modo más amplio: cómo afectan los negocios a nuestra propia vida y a la de las demás, y cómo podemos hacer un barrio más equilibrado. No solo nos preocupa a deriva turística que banaliza la vida real (y no solo de Madrid y no solo de Lavapiés), nos preocupan los usos del espacio público, las condiciones de vida y de trabajo en las que nos movemos, las perspectivas de poder permanecer aquí o no. Los desplazamientos por motivos económicos no tienen como único responsable la turistización, y lo vamos diciendo: y vamos diciendo que esto fue una operación en la que la intervención pública dejó el camino llano para la especulación.

Dicho esto, la campaña de Raquel, como sabéis aunque no os guste, no va dirigida a criminalizar a nadie, y mucho menos a vecinos y vecinas que obtienen un ingreso del alquiler de la casa donde viven, sino a señalar que debajo de esa supuesta economía colaborativa hay un negocio de características irregulares, que se camufla como una iniciativa individual y no empresarial y que esas prácticas no regladas están dificultando que se pueda actuar desde el planeamiento de barrio y la práctica transparente para delimitar los usos sociales de las propiedades inmobiliarias. Dos razones: la inoperancia de la administración y la búsqueda de lucro inmediato. “Raquel”, como también sabéis, no es una persona individual, sino un icono que sirve para captar clientes en un “mercado” que prioriza el trato personal y la confianza frente a agencias y empresas. “Raquel” es una ficción, una mentira: no hay una Raquel (NI una Leticia o un Fran o una Bettina) que tenga más de cien ofertas en las plataformas, esa “Raquel” esconde una iniciativa empresarial cuya regulación se evita de esa forma. Eso lo explica suficientemente el material de la campaña y lo explica también la web. Como sabéis, el 60% de las ofertas de viviendas turísticas son de multipropietarios, no de gente que alquila su casita con mucho esfuerzo. Vivir de las rentas fue hasta hace no mucho sinónimo de parasitismo. Para nosotras sigue teniendo ese significado, y tampoco nos conformamos con que haya modelos económicos en los que unos viven del trabajo de otros y se escuden en la cantinela de “damos empleo”.

En el mapa que expondremos hoy, no hay una marca para señalizar viviendas habitadas de uso turístico, sino edificios completos o mayoritariamente dedicados a esto (hoteles, apartamentos turísticos legales o no), viviendas técnicamente vacías porque su uso es exclusivamente temporal o turístico: viviendas como negocio, viviendas como mercancía. Somos de la opinión de que la vivienda no es una mercancía y que su uso debe estar sujeto al condicionamiento mayor del derecho a la vivienda para todos y todas, a esa función socia de la propiedad que la Constitución ingenuamente postula. Por eso también acompañamos a la gente que está amenazada de desahucio o señalamos las viviendas vacías de titularidad pública, o contamos los procesos por los cuales la especulación campa a a sus anchas en Lavapiés. Tenemos la seguridad absoluta de que ese uso temporal y lucrativo de la vivienda como mercancía tiene un repercusión directa sobre la vida de la gente y contribuye al desplazamiento forzoso. Las prácticas de tiburones inmobiliarios y y de mobbing residencial existen: estaría muy bien que contribuyerais a denunciarlas y a combatirlas, aunque da la impresión de estar más en la línea de “lo mío pa mi saco”. Por descontado, también sois conocedores de los programas municipales de alquiler regulado (tan poco ambiciosos, tan poco útiles), donde cualquier propietario puede apostar por usos menos lucrativos, pero más sociales, de su vivienda. Si no los usáis es porque eso os importa poco o, como soléis decir, con mi propiedad hago lo que quiero.

Por eso también señalamos los espacios donde la precariedad económica o laboral se hace más estridente. Algunos de esos, por cierto, son hoteles, y algunas son agencias de vivienda turística.

Por último, no podemos dejar de deciros que ese rollito de ir de víctimas resulta escandaloso en un contexto en el que sigue habiendo gente sin casa y casas sin gente, y de un omblliguismo sorprendente, y que ya sabéis que para pelear por los derechos más básicos de la gente nos vais a tener a vuestro lado, pero que no lo estaremos para defender vuestros derechos a hacer negocio con nuestras vidas y nuestro barrio. No somos mercancías en manos de banqueros y políticos… ni de especuladores.

Por cierto…

Parece que hay gente que se pregunta quién es esa Raquel que busca tu piso como dicen las compas de ¿Lavapiés?, por qué Raquel y no Eduardo, por ejemplo…

Raquel es el nombre que “Friendly rentals Madrid” ha dado a su perfil en air bnb. Sí, tú entras en la página y se diría que quien te alquila el piso es una señora llamada así, pero no. Es fácil ver qué hay detrás de Raquel, solo hay que visitar la página de Friendly rentals Madrid: https://www.friendlyrentals.com/es/

¿Y de quién es esta cosa? Pues del primer grupo hotelero del mundo, con sede en Nueva Jersey: https://es.wikipedia.org/wiki/Wyndham_Worldwide

Esta gente es dueña, por ejemplo, del edificio de la calle Santa Ana 27, dedicado íntegramente a apartamentos turísticos. Mirando en el Ayuntamiento de Madrid, figura una licencia para obras de reestructuración parcial de fecha 25/01/2016, con uso principal residencial, así que parece que han pasado soberanamente de hacer un cambio de uso, y por tanto es totalmente ilegal, pero en Madrid todo vale.

Por cierto, el edificio de al lado, Santa Ana 25, también es todo de apartamentos turísticos, en este caso de algo que se hace llamar Saga Rental y que no figura ningún tipo de licencia en el Ayuntamiento, así que muy probablemente también es completamente ilegal.

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