Desde la primavera de 2016, diversas gentes y proyectos colectivos de Lavapiés venimos formando un espacio en común desde el que compartir nuestras preocupaciones e iniciativas. No desde una idea neutral de “vecindario”, sino desde una óptica crítica con la deriva que Lavapiés está tomando desde que, ya hace tiempo, las fuerzas del dinero y del mercado consideraron nuestro barrio como un espacio idóneo para hacer negocios. No cualquier negocio, claro, sino el negocio fácil de la especulación y la economía rentista, la economía sulbalterna y precaria de la vivienda cara y los servicios y, entre ellos, el turismo que busca barrios y ciudades para ser vistos, pero no para ser vividos.

Si decimos que Lavapiés es “nuestro barrio”, no es por afán de identidad o propietario, es porque aquí vivimos o hacemos nuestra vida, porque nos relacionamos con nuestros cuerpos y nuestros afectos con este territorio complejo, de modos muy diversos, pero con el orgullo de pertenencia a un espacio en cuyo carácter, que incluye el histórico valor de la acogida, participamos. Y del que no aceptamos ser excluid@s o desplazad@s porque en el ciclo actual de la crisis otros con más poder (adquisitivo, pero no solo) hayan puesto sus ojos, codiciosos, sobre los lugares que, con tanta dificultad y vitalidad, habitamos.

Los múltiples espacios que damos forma a la rica y diversa creatividad social de Lavapiés -colectivos, asambleas, cooperativas, espacios sociales y de apoyo mutuo, redes y plataformas, asociaciones de todo tipo- estamos llamados a que esta primavera sea el momento de frenar la tendencia a la uniformidad bajo el mando del mercado e imaginar, de nuevo, otro Lavapiés posible.

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